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martes, 15 de abril de 2014

En mi mente de hielo agrietado: Capítulo 32... POR FIN!!!

Matadme!!! Lo merezco!!! No largaré el discurso de los estudios,porque sé que ya lo tenéis muy leído, pero... bueno, he sacado un ratillo para escribirlo. Lo siento. No sé si me perdonareis por el enorme retraso, pero lo siento chic@s. También tengo que escribir que ahora... estaré de vacaciones por Semana santa pasado mañana!! Y eso significa.. tiempo, chic@s, bendito tiempo!!!

BESOS, A PESAR DE TODO, DE VUESTRA ESCRITORA ;))



Capítulo 32:


No puedo más. No puedo soportarlo. Dave está a tan solo dos metros, pero una pared nos separa. Él está en su habitación, y yo aquí con dos locas pintándome las uñas. Hasta me han elegido la lencería provocadora; un sujetador amarillo fosforescente que daña los ojos hecho de seda, y con una cinta blanca rodeando los bordes que acaba en un lazo entre las dos copas. El tanga es más de lo mismo y, aunque tengo que decir que es suave la seda, la tira de atrás es muy incómoda; odio esta moda. También llevo el pijama provocador con unas zapatillas de ir por casa a juego. Estoy recién duchada y huelo a algo dulce, según el bote de gel de Victoria’s Secret, soy un beso de agua. Mi cara está cubierta por una mascarilla amarilla de limón, la de Elia por una mascarilla naranja de mango y la de Margaret por una rosa de fresa. Las dos están mejor después de haberse pegado la ducha y parece que han digerido el Sake. Elia lleva un pijama parecido al mío pero lleno de encaje , y además de color verde, como los ojos del chico que le gusta ¿lo habrá hecho adrede? La tela se refleja en sus oscuros ojos, y su pelo igual de oscuro contrasta muchísimo con los bordes del encaje que toca. Margaret lleva un camisón muy pegado de seda, de color rosa, con una cinta blanca en los remaches. Sus mechas mojadas son preciosas, y también contrastan con el rosa de su cortísimo camisón. Seguro que eso también lo ha hecho adrede.
Esta habitación es tres veces la mía, con suelos de madera color miel y muebles de mismo color. Las paredes son beige, rosas y blancas. Tiene una alfombra con pelos rosas gruesos coronando el centro de la habitación. Tiene tres armario; ropa, lencería y cosméticos; en ese orden. Tiene una cama dos camas de matrimonio con suavísimos edredones rosas, y a su izquierda un enorme escritorio que sale como la cuarta balda de una estantería, con más revistas de cotilleos, moda y arte que libros. También hay tres puertas; la que da a un lustroso y enorme baño, no como el mío, la que da al pasillo, y la que está enmarcada por dos vaporosas cortinas rosas que da a un precioso y enorme balcón; más bien es una terraza.
Tengo a Margaret en los pies y a Elia en las manos.
- Yo creo que el esmalte negro te va a favorecer un montón, y luego te daremos una capa de brillo -dice Margaret.
-Además pega con todo, es ideal -apunta Elia.
- Sí -digo yo, pensando en Dave. Que está tan cerca, y tan lejos a la vez. Ahora mismo estoy aprendiendo a utilizar mi nueva Blackberry, con la mano que Elia no me pinta. Está muy, pero que muy bien este cacharro. En cuanto Dave me dé su número podré hablar con él por Chatt. Me muero por qué me dé su número. Pensándolo mejor, me muero de hambre. No he cenado, el sushi me parecía asqueroso, así blando, crudo, pegajoso, fofo. Mejor pasar hambre. Aunque no hay porqué.
- ¿Puedo tomar un vaso de leche? -pregunto.
- Claro -responde Margaret-, en el piso de abajo, en la nevera hay leche.
- Gracias -digo levantándome. El pelo cepillado, húmedo y recepillado me cae como una cascada sobre la espalda; como un beso de agua. Agarro mi nueva bata negra, que por cierto también es provocadora; nada se salva. Es muy corta, y encima la seda se ajusta a mi cuerpo como una segunda piel, y con este sujetador push-up, no me gusta un pelo. El encaje está bien, aunque odio la parte en que se considera sexy.
- Ten -me dice Margaret. Una goma de pelo negra ¿por qué nunca llevaré una?- ¿no querrás tener que lavarte el pelo otra vez por culpa de la mascarilla? -yo niego enérgicamente con la cabeza. Ni en broma. Me hago un moño mal hecho, que se deshará en poco tiempo. Abro la puerta y salgo.
-Pero vuelve pronto, que tenemos que acabar tus uñas -dice Elia antes de que vuelva a cerrar la puerta.
El pasillo está a oscuras y puedo distinguirlo bien; la habitación de Dave tiene luz por debajo. Sería tan fácil acercarme, girar el pomo, abrir la puerta, entrar y encontrarme con él ahí. Doy un paso, luego otro, otro más. Mis dedos acarician el pomo de su puerta como si fuera el lomo de Claws. Miro mis negras y perfectas uñas. Aún llevo mi nuevo móvil en la otra mano.
Retrocedo y bajo los escalones a oscuras. No debo obsesionarme.
Noto el frío suelo bajo mis finas zapatillas. Un escalón tras otro. Vale, ya no hay más barandilla, así que estoy en el comedor. Desbloqueo la pantalla de mi móvil, y con su pálida luz me guío hasta la cocina. La gran cocina americana, con quilómetros de encimera y un portal como nevera. Estoy segura de que yo cabría dentro, o dos como yo, quizá tres. La abro y una luz cegadora se enciende en la tercera balda. Vuelvo a bloquear la pantalla del móvil y empiezo a rebuscar en los armarios de la cocina. Cajas de pasta, botes de especias, cereales, galletas... las galletas servirán. Saco la bolsa y la dejo sobre la encimera. De otro armario cojo un vaso de cristal. Vuelvo a la nevera y vierto leche en el vaso. Al cerrar la nevera con la cadera vuelvo a estar a oscuras, así que no me queda otra que ir a ciegas para coger las galletas. Palpo la encimera con la mano izquierda. Listo, las tengo.
Y algo me tiene a mí.
Dos manos me atrapan. Pego un grito agudo y un manotazo al aire.
- Annie soy yo -dice la voz más melodiosa del mundo.
- Dave -digo en un suspiro- ¡Me has vuelto a pegar un susto de muerte!
- Lo siento -creo que lo dice de verdad. Creo- Espera -dice. Yo asiento aunque no pueda verme, y me siento tonta.
De repente se enciende la luz.
- Has hecho que tire mi cena.
- ¿Ibas a cenar galletas?
- Odio el sushi, además esta no es mí casa y no me voy a poner a cocinar.
- Pues yo sí.
- ¡¿Qué?! No, no hace falta, de verdad -en ese momento mis tripas rugen.
- Creo que sí -dice, mientras saca algo de la nevera. Está súper sexy así.


Y ahora tengo que aprovechar.

sábado, 1 de febrero de 2014

En mi mente de hielo agrietado: Capítulo 31

¿Qué significará あなたましょうヒントを歌いながら、私たちは間違っ受け入れる ? Vale, en realidad, espero que lo busquéis. ¡No lo diré! Todo esto (XD) viene por el capítulo. Estoy mentalmente desorientada, pero no tanto, ¿ok? Bueno, buena madrugada y que os guste el capítulo.

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))


Capítulo 31


- Serán 109’25$, por favor -me dice la dependienta al otro lado de la caja registradora de Fruitti. Saco mi nuevo monedero de MISAKO del bolso. La pobre tarjeta ha dado más vueltas hoy que en toda su existencia. Se la entrego a la dependienta que va demasiado maquillada y por fin salimos de allí, con un cepillo nuevo, cuatro botes de maquillaje ‘natural’, una BB Cream, cinco pintalabios, una brocha con colorete de regalo, la Silk•Épil blanca y rosa que parece más inocente de lo que en realidad es: un instrumento de tortura, y unas veinte mascarillas de frutas. Elia ha tomado parte en eso. Ah, y me han obligado a comprarme unos tampones. Yo uso compresas, porqué dicen que ponerte uno la primera vez duele, y yo no me voy a complicar la vida, pero para ellas es más invisible e higiénico. Estoy empezando a hartarme de todo.
- Por fin vamos a tomar algo -digo yo cuando estamos en la calle-. Pero tengo que llamar a mí padre para avisarle de que me quedo a dormir en casa de Margaret.
- Ahora que lo dices, nos falta una parada -dice Margaret.
- ¡Cuál! -nos quejamos Elia y yo a la vez.
- Hay que sustituir esa piedra por un móvil de verdad.

- Lo tenemos en color blanco, rosa y plateado.
- Gracias -digo yo-, pero seguiré mirando -la dependienta asiente y se marcha. En The phone House los dependientes te agobian demasiado.
- ¡Este! -grita Elia. Ese es bonito.
- HTC One Mini, buena elección -dice un dependiente.
- De acuerdo, con tal de salir de aquí -suspiro yo, además, es bonito.
- ¡No! -grita Margaret.
- ¿Por qué no? -le pregunto yo.
- Porqué lo que se lleva ahora son los teclados completos incorporados, algo más mono, y con colores.
- ¿Y…? -digo cansada.
- Esa -dice señalando un móvil bajo un cartel en el que pone Blackberry.
- Otra buena elección -dice el dependiente. A él con tal de que me gaste el dinero seguro que le parece buena elección. Voy a decirle que puede hacer con sus recomendaciones, cuando veo que Elia le mira con ojos brillantes. Por ella me aguantaré. El chico es joven, de unos veinte o así. Su pelo es negro ondulado y sus ojos verdes como la hierba. Si Dave no existiera yo también me fijaría, pero de momento no se ha esfumado, aunque mañana no se sabe.
- Seguro -dice Elia-. Puede enseñárnoslo -y parpadea exageradamente, algo que la hace muy mona con el rímel.
- Claro -dice el chico, después de mirarla con unos ojos brillantes. Estos, flechazo asegurado. Margaret y yo vamos yendo, y ellos se quedan un poco atrás y empiezan a hablar. Que monos.
- Blackberry Q10 -susurra Margaret-. Serás una reina con esta -y da una palmita.

20 minutos después el dependiente y Elia dejan de hablar, mientras tanto Margaret y yo ya hemos comprado el teléfono y me han puesto una tarifa de no sé cuántos G, o algo así, porqué ha sido Margaret la que lo ha elegido todo, y también me he comprado una carcasa muy fina de color fucsia con agujeros, como de topos, que se pone sobre la carcasa normal, para que sea “¡Más genial!”, según Margaret.
- Me ha dado su número -dice Elia mientras salimos a la calle.
- ¡Qué bien! 
- Era muy guapo -le digo yo, para integrarme.
-Lo sé, y muy majo. Es que ahora estoy en una época responsable -explica mientras camina y gesticula-, nada de líos de una noche, ahora quiero a un chico de verdad.
- Uy, los que iban a tu casa eran de verdad, y estaban buenísimos -dice Margaret.
- Pero ahora quiero a uno para siempre, en serio, una relación bonita, un novio oficial.
- Eso está bien -digo yo apretándole la mano- y me parece que él también estaba por ti.
- ¿¡A sí!? -yo asiento, y Elia está en las nubes.

- Ya estamos -anuncia Margaret. 
Un gran cartel neón en el que pone あなたましょうヒントを歌いながら、私たちは間違っ受け入れる adorna la entrada. Quién sabe lo que eso significará. El interior es moderno, y tiene un escenario con un taburete y un micrófono al final de la sala. El camarero asiático nos lleva hasta una mesa que está bastante cerca del escenario. Nos sentamos y mis pies suben a la gloria.
- Que bien sienta ir de compras.
- ¿Seguro? -digo yo. Las dos se ponen a reír, y yo miro la carta intentando ignorarlas. Sushi, sushi y más sushi- ¿Aquí sólo sirven sushi? -me quejo.
- Sí -responde Margaret-, o también puedes pedir una copa.
- ¿Para cenar?, no gracias. -ni para cenar ni nunca, aunque omito ese detalle.
- Pues yo sí que tomaré una -dice Elia.
- Y yo -dice Margaret-. Podemos pedir Sake, y así puedes probarlo -dice, mirándome a mí.
- Da igual, pedir lo que queráis -digo yo.
- Sushi de atún -dicen las dos a la vez. Supongo que a mí me tocará comerme las uñas.

Una hora después ellas han pedido, me han echado la bronca por no hacer lo mismo, se han hinchado a sushi, y algunos aficionados han empezado a cantar.
- ¿Vamos a casa? -digo yo- Si queréis arreglarme y no nos vamos ya, me quedaré dormida.
- Vale -responden al unísono.

Eso no es una casa, es una mansión. El taxi se aleja, y Margaret y Elia avanzan cruzando el jardín delantero, mientras yo alucino solo un ratito ¡Son ricos! Normal, si se gastan casi 1000$ en ropa interior y les parece normal, es culpa mía no haberlo adivinado. 
Empiezo a caminar por el camino de piedras que se incrustan en el césped, taconeando en cada una de ellas. Margaret llama al timbre, porque no encuentra las llaves. El Sake no les ha sentado muy bien. Cuando estoy a dos pasos de la puerta, Dave la abre. Lleva la misma camiseta que esta tarde, pero sus pantalones ahora son unos grises y holgados que le cuelgan de la cadera. Sexy.
- ¿Habéis bebido? -dice, mirando a las dos chicas que tengo delante. Ellas dos me tapan.
- Noooo…mushshshooooo -dice Margaret.
- Claro, entr… -Dave se me queda mirando. Se acerca corriendo- ¿Has bebido? -sus manos se posan a los dos lados de mi cara.
- No -digo con voz clara, aunque susurrando.
- Mejor -dice, soltando todo el aire que contenía. Sus manos bajan, y cogen a las mías- vamos -acaba con una sonrisa. Yo no he acabado con él.

miércoles, 29 de enero de 2014

Capítulo 30: En mi mente de hielo agrietado; y... ¿revelo mi rostro? º-º

Huoola chic@s!!! He estado pensando... ¿debo hacer un vídeo diario con reseñas y... bueno, información sobre chicas, opiniones sobre las pelis de nuestros libros favoritos...? ¿Que os parece? Soy un poco vergonzosa, y jamás he descubierto mi rostro en el blog, pero... A VIVIR LA VIDA LOCA!!! (o no tan loca, depende de si os gusta pasar los viernes leyendo en el sofá sin salir) También había pensado en hacer una sección de Descargas de libros en PDF. Como antes, ¿que os parece? En resumen... NUEVAS SECCIONES!!! Creo... sí, haré una encuesta. Para eso están. Biieen... otro punto del día. ¡El capítulo! Tranquil@s, no lo he olvidado. Solo pido que votéis, ¿sí?

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))


Capítulo 30

El taxi llega en diez minutos. Entramos las tres en la parte de atrás, y nos acurrucamos. Yo al menos estoy helada, y creo que ellas también. Mientras Margaret indica al taxista la dirección, yo llamo a mi padre. Ellas todavía miran a mí móvil como si fuera un crimen.
- ¿Sí?
- Papá, soy Anne -las dos se me quedan mirando. Él no tiene derecho a llamarme Annie, no después de todo lo que he pasado sola, no lo perdonaré en un abrir y cerrar de ojos.
- Hola cariño.
- Hola, ehhh, mira, mmmm, esta noche llegaré un poco más tarde.
- ¿Por qué?
- Dos amigas del grupo, Margaret y Elia -en ese momento las dos gritan un grandioso ¡Hola! con risitas- ahí están -susurro- mmmm, las tres iremos de compras y…
- ¿Tú de compras?
- Sí papá, también tengo un lado femenino -digo molesta.
- Lo sé cariño. Ve anda, así haces más amigas y te diviertes un poco -pongo los ojos en blanco-. Puedes utilizar la tarjeta para emergencias.
- ¿En serio? -esto es demasiado.
- Sí. Además hace tantos años que no te compro ropa que hasta me sales rentable. Así equilibras la balanza, como las demás chicas de tu edad -el taxi llega a una zona más abarrotada, llena de autobuses, coches y cientos de personas.
- ¡Gracias! Tengo que dejarte, que estamos llegando.
- Muy bien, diviértete.
- Adiós -y cuelgo.
Un montón de letreros, escaparates, y baldosas de colores adornan las calles. Sobretodo chicas jóvenes frecuentan las avenidas y calles con bolsas en las manos, en grupitos, aunque también hay chicos comprando, jubiladas que se toman un café con sus amigas en la cafetería todas las tardes, y parejas cogidas de la mano, dándose besos furtivos, pegados el uno al otro, y riendo y sonriendo sin parar. Ojalá yo fuera la chica y Dave el chico.
- Hacía tiempo que no iba de compras -me dice Elia.
- Esto es impresionante, es como, no sé, tiene calidez a pesar del frío, y la gente de un lado para otro feliz… me gusta.
- Y a mí, tienes toda la razón. Además, estoy deseando ir a una perfumería para comprarte algo de maquillaje y mascarillas -yo la miro poco convencida-. Es muy divertido, si vienes a dormir a casa podemos ver una peli con palomitas en mi cuarto mientras nos hacemos la manicura y la pedicura. También podemos ponernos las mascarillas, así con la cara de colores es divertido hacerte fotos, y luego nos la quitamos como si fuera una segunda piel.
- Suena muy divertido -añado yo. Es cierto, estaría bien.
- Además mientras tanto cotilleamos y contamos nuestros problemas y secretos a la otra. Saldremos de casa al día siguiente perfectas, física y mentalmente -me guiña un ojo-, y oliédo a frutas.
- Y… podríamos quedar alg…
- ¡Claro! -añade Margaret, que habla por primera vez dentro del taxi- Mira, esta noche mis padres no estarán en casa, podéis venir y así nos probamos la ropa y te arreglamos -dice señalándome. ¡Voy a dormir con Dave! Bueno, en la misma casa, que viene a ser lo mismo- ¡Pare en la siguiente esquina!
- Claro -dice el taxista. El taxi se detiene frente a una tienda llamada Mango-. Serán 7’55$, por favor.
- Invito yo -dice Elia.
- Gracias -respondemos Margaret y yo a la vez. Dios, voy a dormir con Dave. Solo eso me viene a la cabeza. Primero tengo que estar presentable e ir de compras.
En cuanto el taxista le da el cambio a Elia las dos me empujan afuera.
- Voy, voy -me quejo. 
Estamos las tres fuera, y la zona me encanta. Desprende un espíritu cálido y encantador que atrae a cualquiera.
- Venga, que tenemos que ir a muchas tiendas.

Este probador es minúsculo. Al menos en el de Zara había una especie de silla. Lo bueno de este es que estoy rodeada de espejos, y puedo verme la espalda y comparar. 
- No voy a probarme esto -les digo a Margaret y a Elia, que me esperan fuera.
- ¿Por qué? Si es precioso -dice alguna. La música de la tienda no me deja diferenciar quién.
- Ya, y demasiado rojo pasión, con demasiado encaje, con demasiado push-up el sujetador, y enano el tanga. 
- ¡Es sexy! -me gritan.
- ¿Y yo para que quiero algo sexy?
- Cuando te nos hagas mayor lo sabrás -oh, no. No pienso ponérmelo. Es precioso, eso lo tengo que admitir, pero es que leer la etiqueta me agobia: 
Victoria’s Secret
ADD-2-CUPS PUSH-UP BRA   65’99$
O del tanga:
Victoria’s Secret
ONE SIZE SEXY THONG PANTY  33’99$

Además, ¿por qué tiene que ser sexy? 
- Bueno, vale, pero es muy caro -me pongo otra vez mi vestido. Cuando salgo las veo con una cestita rosa llena de sujetadores push-up, culottes y tangas, todos multicolores, con encaje, lisos fosforitos, tonos pastel con transparencias…
- ¿Esa es tu talla?
-Sí.
- Pues entonces todo lo demás también te vendrá -dice Margaret, mientras me quita el conjunto de las manos y lo mete en la cestita.
- Estarás super sexy y guapísima, y encima con una talla S -me dice Elia.
- Sí, genial, pero ¿todo eso es para mí?
- ¡Claro! -exclaman a la vez.
- Cuánto me va a costar -susurro para mí.
Me cuesta 810’57 $ en total. Me estoy mareando. Cuando salimos agarro con fuerza las cuatro bolsas llenas para que nadie me las quite. ¡Hasta tienen papel de seda envolviendo mi nueva ropa interior! Aparte de los sujetadores sexys (que son siete de los nueve que me he comprado) también tengo dos deportivos. Tienen pinta de cómodos. En la misma tienda me han comprado perfume, gel,  crema y aceite corporal, que huelen genial, aunque siguen siendo demasiado caros.
- ¡Siguiente parada Mango! -grita Margaret.
2 faldas, 3 bolsos, 4 vaqueros Slim, 10 vestidos, 3 cuñas, 5 tacones, 2 camisas, 4 tops y 7 camisetas después…
- Nos queda ir a Tezenis.
- ¡Aún!
- Sólo llevamos tres horas.
- ¡Sólo! -vuelvo a quejarme yo.
- Ehh, que os queda Tezenis y Fruitti -dice Elia-. Para comprar las mascarillas.
- Vale solo esas dos y ya -digo yo-, que no me noto los pies.
- Te falta práctica -dice Margaret con una sonrisa.
- Mirar, si os apetece nos compramos un granizado o algo -dice Elia.
- ¡No, que luego se nos va el hambre a la hora de cenar! -grita Margaret. Creo que le estamparé uno de mis Culottes transparentes en la cara.

En la puerta de Tezenis…
- Penúltima parada -anuncia Margaret. Doy gracias en silencio. Entramos, y de repente una música alta de discoteca retumba en mis tímpanos. Una hilera de sujetadores se alza frente a mí.
- ¡Más sujetadores no por favor! -digo, alzando las doce bolsas que llevo.
- Tranquila, venimos a por unos pijamas.
- Para que quiero un pijama bonito, ya tengo uno cómodo.
- Si vienes a casa a dormir y Dave te ve guapa y sexy, te encantará ver como babea.
- Es super divertido ver como un tío babea por tu culo -dice Elia soltando mil carcajadas.
- Bueno, estará bien para variar -digo para zanjar el tema.

Al final me compro un pijama de tirantes granate muy corto. La parte de arriba me deja tres centímetros de piel al aire en mi vientre, y el pantalón me llega por poco bajo el “pompis”, como lo llama Elia. También me he comprado una bata negra con encaje en el escote, porqué sino no accedía a comprar el pijama.
- ¡Por fin vamos a Fruitti! -exclama Elia al salir de la tienda. Mis oídos lo agradecen, pero mis pies siguen quejándose.
- La última parada -suspiro yo.
- Mascarillas de colores, champús…-sigue diciendo ella.
- Y también la Braun para depilarse -añade Margaret, que ya está caminando.
- Eso, eso, que he visto que han sacado una nueva Silk•Élil o algo así.
- Silk•Épil -le corrige Margaret-. Sí, creo que esa será ideal para Annie.
- Genial -digo yo resoplando. 

Esta tienda es enorme, con el gran letrero multicolor en el que pone Fruitti. El suelo es de baldosas blancas, brillantes.  Montones de bolsitas multicolores descansan en cestas de mimbre, botes de champú en estanterías, peines y cepillos extravagantes, compresas y tampones de mil marcas, y un millón de botecitos de pintauñas en una cristalera. Giramos la esquina y veo tres cajas registradoras con unas colas de media hora en cada una, y mil tocadores falsos en la pared con botes de maquillaje, brochas para el colorete de pelo natural o de colores arrancados directamente del arcoiris, y al final, las máquinas depilatorias. Esto me va a doler, pero llegar a casa de Margaret y Dave y que estas dos me depilen me va a doler todavía más.

sábado, 18 de enero de 2014

Capítulo 29: En mi mente de hielo agrietado

Se acaba el maratón... bueno, pues hasta pronto!!! Espero que os haya gustado ^^. No estoy segura (mi madre y su manía de que estudie mucho los fines de semana), pero mañana intentaré publicar unos cuantos capítulos de Una divergente en llamas y con runas. Ufff, deseadme suerte... ;))

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))



Capítulo 29

Todos me miran cuando entro. No dicen nada, y yo me pongo colorada. Odio lo de enseñar mis piernas, mi piel… todo. Joël está boquiabierto, a Margaret le brillan los ojos, a Elia una sonrisa le cruza la cara, y Dave… ¡Dave, mí Dave! Lo tengo enfrente, mirándome sin pudor alguna de arriba abajo. Le imito para no ser menos, aunque me cuesta ignorarlo. Su pelo tiene un toque despeinado bastante sexy, y su rostro es igual de bonito que siempre. Lleva una camiseta blanca de manga corta con pico y unos vaqueros gastados. Dios, se le marcan los pectorales y los abdominales…
- ¡Hola! -chilla Elia- ¡Me encanta tu vestido! -añade mientras se acerca.
- Gracias -digo, mirando todavía a Dave. A los perfectos músculos de Dave... se da cuenta. ¡Que me trague la tierra! Elia me abraza y me regala un beso en la mejilla. Eso me ayuda a mirar hacia otro lado, y se lo agradezco.
- Es verdad -dice Joël mientras me da un abrazo, demasiado cercano, pegando su cuerpo al mío. Veo a Dave fruncir el ceño por encima del hombro de Joël. No quiero que se sienta mal, pero me divierte un poquito que tenga celos. Da un paso hacia delante y abre la boca; se avecina tormenta.
- Venga, no la sobes tanto -dice Margaret. ¡Gracias! querría decirle yo. No es buena idea que Dave se pelee con Joël, que por cierto, se ha pasado. Margaret le pega un manotazo en el brazo, y este se separa de mí con una mueca en la cara. Ella me da dos besos y un abrazo.
- ¿Qué tal, nena? -dice mientras me suelta. Abro la boca para responder, pero ella sigue- Estás guapísima con este conjunto, y te hace el culo más…
- ¡Vale, Margaret! -interrumpe Dave. Yo ya estoy colorada de nuevo. Ella suelta una risita, aprieta mi mano, y cuando creo que podré estar con Dave, se vuelve a acercar.
- Lo tienes loquito -susurra en mí oído. Se separa, y yo me quedo con la boca abierta, para luego la transformarla en una sonrisita tímida. Dave se acerca, y a dos pasos de mí se para.
- Hola -dice sonriendo. Recuerda lo de mí mirada compulsiva a sus músculos.
- Hola - imito, mirando a mis botas. Estoy rojísima y avergonzada. Rodea mi mano con la suya. Está muy caliente, y la mía parece de hielo. Levanto la vista. Por favor, llevas todo el día esperando verle y ¡ahora te cortas!
- ¿Tienes frío? -esto, mmmmmm,  ¿somos novios? Es lo único en lo que puedo pensar.
- Ahora no tanto -digo mirando su mano. Muevo mi pie, nerviosa. En toda la sala solo se escucha mi tacón nervioso. Los dos giramos la cabeza a la vez. Joël y Elia nos miran expectantes, y Margaret con una sonrisa traviesa. Dave tose, y todos vuelven a lo que estaban haciendo.
- Vamos -dice, mientras suelta mi mano ¿Por qué?
Le sigo, queriendo alcanzar su mano de nuevo. Pero me paro cuando veo esa flor amarilla de nuevo. Sigue siendo tan perfecta como antes. Meneo la cabeza y continúo. ¿Somos o no, novios? Ahora no es perfecto ¿Hasta dónde podemos llegar? ¿Puedo besarle, tocarle, acariciarle…? Quiero y deseo besarle, tocarle, acariciarle…
- No, no, no, no, no -digo mientras niego con la cabeza y doy un paso atrás. Entrar ahí otra vez no me agrada, pero además, es oscuro y pequeño, una gran tentación para besarle, tocarle y acariciarle.
- ¿Por qué no, no, no, no, no? -dice divertido.
- Porque no me gusta desde la última vez que entré -contesto, cruzándome de brazos.
- Vamos, ¿has traído algo? -mierda. ¡No he traído nada de nada!
-  No -murmuro a regañadientes.
- Pues hay que entrar.
- Entra tú.
- Es tu material.
- Yo no tengo ni idea de dónde está, y odio ese sitio.
- Ven.
- No -sentencio. No pienso entrar ahí para tener que contenerme, aunque ahora mismo ya lo estoy haciendo. ¿Por qué no pude entrar él solito?
Avanza hacia mí y me coge por la cintura. Yo tengo la boca abierta
- ¿Qué…?
- Ven, por favor, ven conmigo -yo sólo puedo asentir. Me arrastra por la cadera hasta la entrada del ‘almacén’ o ‘cuartucho maloliente’. Entramos y me suelta. Me he dejado engañar, tonta. Y ahora estoy aquí dentro, siguiéndole, y muy cerca, lo que yo no quería.
Se para y yo tengo que poner las manos en su espalda para no chocarme con él de morros. Se gira.
- ¿De verdad quieres…
- ¡Me has traído aquí para eso! -grito, frustrada- Como me preguntes si quiero estar contigo, si estoy preparada, te mato -su cara está entre ‘me estoy divirtiendo’ y ‘te quiero’, algo bastante raro.
- ¿De verdad quieres utilizar sólo lápiz?
Ahora sí que quiero que la tierra me trague, y que no me vuelva a escupir. Que se trague el vestido, los tacones, la trenza, y todo lo demás. Que me trague a mí.
- Vale, esto es… -digo mientras le doy la espalda y salgo del almacén. Necesito salir de aquí, pero para algo me he arreglado- ¡Margaret! -ella se gira con un pincel en la mano.
- ¿Qué pasa, nena? -Dave se acerca por detrás.
- ¿Quieres venir de compras?
- ¡Claro que sí, nena! ¿Cuándo?
- No sé…
- ¡Ahora!
- ¡Ahora! -sentencio yo.
- Tenemos toda la tarde, y luego podemos cenar por ahí, en un karaoke o algo.
- Ehhhhh… tengo que avisar a mí padre.
- Claro, nena. Lo pasaremos genial, te puedo llevar a Stradivarius, a Mango, a Zara, a Tezenis, a Woman Secret, a Natura, a Bershka, a Sfera, a… ¡AHH! -grita cuándo estoy sacando mí móvil del bolso.
-¿Qué pasa? -dice Elia mientras se acerca.
- Nos vamos de compras -anuncio yo, mientras Dave ya está aquí- ¿Te vienes?
- ¡Sí!
- ¡Pero sí que es urgente ir de compras! Mira eso -añade Margaret con cara de haber visto un fantasma. Señala mí móvil.
- ¡Dios! -grita Elia.
- ¿Qué le pasa?
- ¿Cuántos años tiene, mil, un millón?
Dave pasa su brazo por mí vientre y susurra en mí oído, mientras yo me muero de vergüenza.
- Eso te pasa por decírselo a estas dos.
- No sabía que pasaría esto…
- Vamos Dave, que no es solo tuya -le dice Margaret
- No soy suya -digo separándome de él.
- ¡¿Aún no la has pescado?! -grita Elia.
- No muerde el anzuelo -responde él con una sonrisa. Pego un taconazo en el suelo y me pongo roja de rabia. ¡Sí he mordido el anzuelo! ¡He desgastado el anzuelo!
- Oh, pues hermanito, te lo digo desde con todo el tacto, cariño y amor: eres idiota -yo me tapo la boca para no soltar todas las carcajadas de golpe que se agrupan en mi garganta-. Con lo guapa que va sí la dejas ir, a lo mejor no vuelve -y le guiña un ojo. Dave echará humo por las orejas de un momento a otro-. ¿Y si la ve un rubio alto -eso seguro que le ha dolido, porqué él es rubio, pero no muy alto- , o un moreno cañón, o…
- O nada -le digo yo. Pobre Dave, si en realidad mi corazón es suyo, no de un rubio alto o un moreno cañón-. Vamos o no nos dará tiempo -Dave sonríe ante mi gesto, aunque me haya apartado antes.
- Pero tenemos que pasarnos por The Phone House, por qué no puedes seguir llevando eso -añade Elia.
- Y por Victoria’s Secret, que no soy tan mala Dave -añade Margaret. Elia suelta una risita. A Dave se le iluminan los ojos, pero luego niega con la cabeza ¿Qué será Victoria’s Secret?- ¡Vamos, nena! -grita Margaret, que ya camina hacia la puerta con Elia cogida por el brazo.
- Adiós -le digo a Dave en un susurro.
- Adiós, nena -suelto una carcajada y, con todo el valor del mundo, rodeo su cuello con mis brazos, y le beso en la mejilla. Algo es algo. Él besa mi frente y me abraza. Esto es más que algo.

Capítulo 28: En mi mente de hielo agrietado

El sexto capítulo del maratón!!! Siento el error (ya corregido) del anterior capítulo, ya que el texto se repetía dos veces. Que disfrutéis de los dos capítulos que quedan para finalizar el maratón ^^

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))



Capítulo 28

Claws tenía razón. Por alguna extraña razón, odiaba a Erik. Y le gustaba Dave. Ahora le entiendo, aunque parece que Moonbeam no.
- ¡Vamos, parad ya! -les grita mi padre mientras se acerca. Sé que no le harán caso. Claws tiene los pelos de punta y su espalda arqueada, mientras gruñe con su pequeño hocico arrugado. Moonbeam intenta chafarlo, pero el gato es demasiado rápido. Casi me da una taquicardia cuando lo ha intentado la primera vez, pero pasa el tiempo, y sigue sin conseguirlo, así que me he tranquilizado.
- Déjalos -le digo a mi padre cansada. Estoy sentada sobre la acera que delimita la casa, en una mezcla de hielo, nieve y heno, frente al establo.
- Sólo te hacen caso a ti, como si te entendieran.
- No es verdad -digo, levantándome del suelo, resignada. La mañana de sábado se me está haciendo eterna. Aunque no hay clase, el Club de Arte (así lo llamo yo) se reunirá esta tarde, y me apetece bastante ir. Y también ver a Dave. Aún no sé si ha aceptado que le quiero sin remedio; lo peor es que él a mí también-, y aunque fuera cierto será por qué les quiero y me ocupo de ellos -eso ha ido con segundas. Por su expresión parece que se ha dado cuenta.
- Oye…
- Vamos a arreglar eso -le corto yo, quitando la nieve de mi abrigo. Intentaremos mejorar el estado del establo, aunque no sé qué puedo hacer.
- A ver… encantadora de animales, haz que paren y sácalos de aquí -vale, para eso me quería. Me dirijo hacia esos dos.
- ¡Vamos, parad ya! -les grito, consternada. Estoy de mal humor por el tema con Dave, y además… soy así esta mañana y punto. Moonbeam se queda quieta y me mira. Agacha la cabeza y las orejas. Claws pega un salto, pero su agresividad se borra por completo, e imita a la yegua blanca- Así mejor -digo entre dientes. Odio que mi padre tenga razón. Cojo a Claws con un brazo, y con el otro guio a Moonbeam.
Mi padre cambia algún que otro tablón de madera, pero no toca mucho la estructura por miedo a que caiga. Yo solo resoplo mientras le observo. Necesito verle. Es lo único que puedo pensar. Dave. Necesito verle, tocarle, acariciarle, abrazarle, besarle, sentirle muy cerca… No sé qué ha sido eso último.
- Te necesito -dice alguien. Levanto la cabeza deseando que sea Dave, pero es mi padre el que lo ha dicho. Me espera con un gran bote blanco en una mano y dos brochas en la otra. Resoplo
Llevo más de una hora pintando el establo, dándole una mano tras otra de pintura barnizada. Mis brazos quieren parar, pero yo no; es lo único que me despeja la cabeza. Necesito pensar, digo, dejar de pensar en Dave. Huele muy fuerte a barniz, y me quiero morir. Quizás oler de forma directa eso me mate. Cuando acabará est… ¡No! Llegaré tarde. Tiro la brocha por los aires y echo a correr hacia mi casa, más concretamente hacia mi armario.
-¡Ehh! ¿Qué…
- ¡Llegaré tarde! -le contesto a mí padre mientras cruzo el umbral de la puerta. Solo le he dicho que he quedado con unos amigos. Nada sobre Dave.
Mi armario es, básicamente, un asco. Creo que me estoy convirtiendo en una… ¡chica! Tendré que ir de compras con Julie, porque yo sola no sabré qué hacer rodeada de tantas tiendas y con tanta gente. Además de comparar los precios, ver las nuevas modas, no perderme por ahí… ya se lo comentaré.
Empiezo a rebuscar dentro del armario, con medio cuerpo dentro. Vale, sólo vaqueros… no. Ellos son bohemios, intentaré integrarme. A ver… creo que hace mil años me regalaron un vestido, debe estar por el fondo del armario… ¡Bingo! Ahí está. Es bastante bonito, casi puedo decir que es ideal. Tengo que probármelo. Más bien tengo que embutirme, porque es bastante pequeño, aunque ahora todas van así. Creo que me quedará bien. También había por ahí unas botas que no eran las de montaña. Sí, son como para un vaquero del oeste en chica, o algo así. Si esto no es bohemio, esto es lo más parecido que puedo conseguir. Llegaré muy tarde. Cojo un bolso que tiene la piel parecida a la de las botas, y salgo corriendo.
Bajar los escalones con este tacón, que es lo normal para las chicas de mi edad, para mí es una odisea. Me faltan tres escalones para llegar a tierra firme, dos, solo uno… ¡Mi pelo! Me había olvidado de él. Subo a toda velocidad sin importar mi falta de equilibrio por culpa de los estúpidos tacones. Atravieso la puerta de mi habitación y tiro el bolso sobre mi cama sin parar siquiera.
Esto va a ser difícil. Esta mañana no me he peinado, y ahora no me da tiempo. Una coleta quedará mal con los enredos, y suelto ni pensarlo. ¡Ah! Una trenza de lado será la solución. Estará un poco despeinada, pero parecerá que sea así adrede. Solo tengo que ¡Ayyy! Duele separar los tres mechones de pelo con los dedos. Los pongo sobre mí hombro derecho y empiezo. Un mechón, otro, otro… y la goma de pelo castaña, para que no se note demasiado.


- Te has puesto muy guapa -dice mi padre mientras me mira.
- Mira a la carretera -le digo para que deje de hacerlo, un poco colorada. Él obedece, y sonríe un poco; ha notado mi rubor.
- ¿Es por algún chico?
- ¡¿Qué?! ¡No! -en realidad sí, pero no lo admitiré ni a punta de pistola.
- Claro… -ya sabía yo que no me iba a creer. Me da lo mismo.
- Ya estamos -le digo para cambiar de tema, y recordármelo a mí misma. Los nervios crecen, y no sé por qué. El coche frena, y me quedo mirando la puerta del instituto. Ahí está Dave. Los nervios crecen, todavía más. No lo entiendo.
- Que lo pases bien -me dice mi padre-, pero con responsabilidad.
- Sííííííí, papá -le contesto, ya un poco harta.
- Vale.
Salgo del coche. Hace un frío tremendo, y yo aquí con mi vestido, que es demasiado corto para mi gusto, y se me ven las dos piernas casi enteras, los dos brazos, mi cuello… mejor no pensarlo. Clavo las uñas de mí mano izquierda en el bolsito de piel. Respira hondo, sólo respira hondo. El aire es demasiado frío para hacerlo sin que duela, pero yo como una idiota lo hago. Empiezo a caminar cuidadosa, con los tacones sobre el hielo. Tú le quieres, y él también a ti. ¿Qué tiene eso de malo? Nada. No está prohibido ni nada por el estilo. Me lía mucho. ¿Aceptó que estuviéramos juntos o no?
Casi me choco de narices con la puerta principal. La rodeo taconeando, y estoy dentro. Camino todo lo deprisa que puedo con los tacones sobre las baldosas recién pulidas. Aquí dentro hace más calor, ¡gracias conserje!
Pasillos y más pasillos. Por fin, después de esperarlo todo el día y parte de la tarde y noche de ayer. Estoy frente al aula 104.

No entro, contra mi voluntad, primero me reviso de arriba abajo. Modelo el vuelo de mi vestido, coloco bien los tirantes que ya estaban bien, huelo la colonia de fresa que me he puesto, pongo en su sitio todos los pelos de mi trenza, muevo los dedos de mis pies comprobando que las botas de tacón no se han esfumado, y doy un paso adelante mientras agarro el pomo de la puerta.

Capítulo 27: En mi mente de hielo agrietado

El quinto capítulo del maratón!!!

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))



Capítulo 27


No están juntos, Dave hasta le da la espalda. Eso me da tiempo a ver antes de marearme un poco, pero lo suficiente como para tener que apoyarme en el marco de la puerta. No miro a Erik, aunque lo oigo gruñir.
- Estate quieto -le gruñe Emily. Jamás la había oído hablar en ese tono.
Dave no puede mirarme, me ha dicho que no podemos estar juntos; aunque yo no puedo dejar de hacerlo. Cuando creo que nadie me ayudará, ya que Julie está atendiendo, animando y mimando a Andrew, y no hace falta hablar de los otros dos chicos, Dave reacciona. Me mira por primera vez desde que he entrado, y como un resorte, viene hacia mí.
- Ya está -susurra mientras me abraza. Yo aprieto más la camisa de su espalda y me contengo para no aplastarlo todo lo que quiero contra mí, o acariciarlo, o besarlo… No puedo, no me deja.
Me he comportado como alguien débil, lloriqueando por los pasillos y lamentando… por unos chicos. Muy importantes y que han hecho mella en mí, sí, pero no soy así; o al menos no lo era. Aguanté la muerte de mi queridísima madre, el vacío que dejó mi padre, mi soledad… era un lobo solitario; el lobo solitario.

La chica rubia grita obscenidades mientras unos chicos más grandes que ella le abren la cremallera de la mochila, y acto seguido la lanzan al fondo del pasillo de una patada, haciendo volar papeles y libros. La chica maldice por lo bajo mientras recoge todo, apresurada. Nadie la ayuda; yo decido por agacharme. La ayudo mientras me mira con los ojos color ceniza abiertos como platos, sin parar de recoger ni un segundo. No hablo, ni ella tampoco. Hago una mueca parecida a una sonrisa y me voy.
- Gracias -la oigo susurrar.
En ese momento conocí otra de mí especie. En ese momento, sin saberlo, deje de ser el lobo solitario.

Me separo de Dave como puedo y evito mirarle a los ojos; él también me ha hecho daño hoy. No pienso mirar a Erik, así que me fijo en Andrew, y Julie; esa niñita rubia de ojos ceniza.
- ¿Te encuentras bien? -le digo a Andrew- Vale, soy idiota, es una pregunta estúpida -añado, intentando sonreír. Le saco una sonrisa a Andrew y otra mayor a Julie- Voy a relajarme un poco, te llamo luego -le susurro a Julie. Asiente. Me despido en voz baja de Andrew y salgo por la puerta sin mirar a Dave. Tengo que volver a ser dura.
En el pasillo se está más fresco, lo que ayuda un poco.
- ¡Espera! -me giro y encuentro a Dave.
- ¿Qué? -llega hasta mí, muy cerca de mí, a un paso de mí; y yo de él.
- Quiero, quiero seguir estando a tu lado, aunque no sea todo lo que yo quiera.
- No, en realidad no lo quieres -le contesto yo, molesta.
- Vamos, sabes que es lo que más quiero en este mundo.
- ¿Entonces? -digo, ablandada por su comentario.
- No estás…
- ¡No! -le interrumpo- Yo estoy bien y te quiero perfectamente -sus ojos brillan como soles de miel- , pero -empiezo a gesticular con las manos- lo que no puedo hacer es estar a tú lado y hacer como si no lo sintiera, no puedo hacerlo porque no tengo una razón lógica para ello. No sé si podré estar contigo y, contenerme … -me muerdo el labio y me pongo como un tomate. Él tiene una sonrisita tonta. Sé fuerte- , o simplemente no quiero pasarlo mal. No entiendo por qué tu sí.
- ¿Estás segura? -asiento.  Él coge mis manos, y yo no sé si aguantaré más. Se acerca poco a poco hasta que sus labios besan… mí mejilla.- ¿Vendrás mañana al Club?-dice cuándo se ha separado.
- Claro -digo chafada y esperanzada. Chafada por qué no me ha dicho que sí, y esperanzada por qué hemos dado un paso.

Capítulo 26: En mi mente de hielo agrietado

El cuarto capitulo del maratón!! ^^ Hoy estoy contenta, así que creo que... publicaré hasta el 30!!!!!! Que bien ¿no? ^^ Espero compensaros así por mi desaparición... OS QUIERO CHIC@S!!! Por cierto, en cuanto salga la letra cursiva, es que retoma el texto dónde se corta la escena en el capítulo anterior (cuando salen ***).

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))


Capítulo 26

Cuando acabo Julie sale corriendo y chafando como si quisiera hacer un socavón con cada paso.
- ¿Qué pasa? -le pregunto a Em.
- Ese chico es un absoluto… -dice Em apretando los dientes- pero le enseñaste que no se juega con las mujeres -acaba con una sonrisa torcida que no le dura.
- Espero que lo recuerde mucho tiempo -digo con una sombra en los labios-. ¿A dónde ha ido Julie?
- Tú la conoces mejor que yo -apunta Em. «¿Quieres que le parta la cara?» Me había dicho Julie.
- Creo que ya lo sé, y no es nada bueno.

Mi movilidad es más o menos normal sin la escayola. Por fin algo bueno. Saco mi móvil mientras corro nerviosa de un lado para otro por los pasillos y marco el número de Julie. No contesta. Vuelvo a llamar histérica. Descuelga al sexto tono:
- ¡Julie! ¿Dónde estás? -oigo unos pasos detrás de mí, y noto un escalofrío. Me giro, intentando averiguar algo que ya sé.
- Estoy en el baño, ven por favor -mi mano empieza a temblar.
- Erik -es lo único que consigo decir con voz ahogada antes de colgar, aunque Julie ya lo había hecho. Su cara es un poema; un ojo morado, el labio partido, moratones en la mandíbula (que debí hacerle yo ayer) y lo que más me impacta es su nariz sangrante. Quiero slir corriendo y llorar, pero estoy helada. Él pasa a mí lado, y se para cuándo su brazo roza el mío. Se gira para mirarme, pero ya estoy caminando hacia el baño. No debo llorar delante de él.

- ¡Annie! -me dice Julie.
- ¿Qué has hecho? -le digo con una irritante voz aguda.
- Yo… he ido para chillarle todo lo que podía, pero entonces él se ha alterado, y me ha levantado la mano -yo me acerco y le cojo las manos, ya llorosa- y, Andrew ha llegado y me ha defendido, y todo ha pasado muy rápido, Andrew, está, está…
- ¿Cómo está? -chillo.
- Iba para la enfermería, pero está bien, me suplicó que me ocupara de mí misma pero no puedo… - se dirige hacia su mochila, con intención de ir con él. Pero yo ya estoy corriendo hacia allí.
Las paredes blancas del pasillo me deslumbran, y se mezclan con mis lágrimas. Veo la puerta de la enfermería y me paro en seco; es posible que ahí dentro esté Erik. De repente Julie aparece a mí lado. Estaba tan concentrada y tan distante a la vez que no me he dado cuenta. Me agarra del brazo y empieza a caminar lentamente, invitándome a avanzar. La puerta cada vez está más cerca, y más, y más… hasta que entro.

Me atrae como un mosquito a la luz. Doy un paso, y si inclino la cabeza cinco centímetros puedo apoyarla en su pecho. Dios, se me acaba de declarar y no he contestado- Qué aguanté no besarte para nada -digo susurrando. Sus ojos brillan más todavía- . Bueno -continúo susurrando, aunque un poco más alto- , para ser buena persona, pero lo que me asustaba es que quería hacerlo, y no podía permitírmelo… -lo he dicho. Aunque aún no todo.
- Entonces, ahora tampoco podrás… -me contesta mirando a cualquier otra cosa que no sean mis dos pozos azules.
- ¿Por qué? -le pregunto con voz ahogada, dando un paso atrás, dolida y decepcionada. No quiero que la segunda voz sea la que tenga razón.
- Porqué acabas de terminar con él, y seguramente no querrás estar conmigo… -dice, todavía sin poder mirarme a la cara. Esto no lo esperaba. Pero él tampoco esto otro.
- ¿Tú no quieres estar conmigo?
- Si todavía no estás bien del todo, no. Necesitas recuperarte -trago saliva, por qué no puedo hacer otra cosa. Y entre ellas está besarlo. La segunda voz no gana, pero tampoco yo.
Solo asiento, me enjugo las últimas lágrimas ya secas, con el pañuelo, y me siento fatal.

Volver a verlo en la enfermería es como una bofetada. Yo le quiero, él me quiere ¿qué problema hay? Erik. Él es el problema. ¿O soy yo? Estoy mal, pero poco a poco me doy cuenta de qué lo que noto, lo que siento por Dave es mucho más fuerte y más sincero que lo que tenía con Erik. Erik era mi primera vez, y nunca había besado, ni tenido novio, no sé qué era sentir eso, no tenía a mí padre… necesitaba algo de cariño, y Erik fue una rápida solución. Pero Dave… no lo puedo dejar ir. Le quiero. De verdad y con todo mi corazón, no puedo negarlo.
Por eso cuando lo veo allí me mareo, pero cuando veo a Erik pierdo el equilibrio.

Capítulo 25: En mi mente de hielo agrietado

El tercer capítulo del maratón!!! ¿Os ha gustado el anterior? Supongo que es toda una novedad. Pues a lo que viene ahora, lo llamo "una buena amiga"...


BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))


Capítulo 25


- Que pases un buen día, y si quieres que le diga cuatro cosas a ese chico…
- ¡No! No, así está bien, pero gracias papá -Salgo del coche y veo como mi padre espera a ver que llegue sana y salva a la puerta del instituto; también lo hacía cuando iba al colegio. En cuanto llego oigo el motor del coche poniéndose en marcha. Entro decidida, inspirando profundamente.
Avanzo hacia mi taquilla, cojo mi Bloc y, cuando creo que me va a salir bien, aparece delante de mí. Cierro mi taquilla de un manotazo, lo esquivo y sigo mi camino. Creo que me va a ignorar como ayer en los baños y por una parte doy gracias, pero por la otra no paro de preguntarme porque lo hace.
- Annie -me dice. Siento como se me humedecen los ojos, pero no puedo derramar las lágrimas, así que el resultado es que mis ojos azules parecen el agua de un pozo. Sigo como si nada- ¡Annie! -me vuelve a gritar desde su taquilla. Eso hace que me pare. Miro la baldosa que hay al lado de mi pie izquierdo, hasta girar el cuello para mirarle.
- No puedo -digo, y empiezo a caminar. Es verdad que no puedo, no tengo fuerzas para más discusiones y golpes bajos.
- ¡Lo siento! -le oigo gritar en el pasillo, lo que provoca que la gente empiece a mirar. Mis lágrimas no aguantan más. Alguien me ofrece un pañuelo. Lo cojo, murmuro un gracias, y veo que es Andrew.
- ¿Te acompaño? -pregunta.
- No pasa nada, tengo que hablar con él ahora o luego, así que… -él asiente. Me giro, camino, y mientras me limpio con el pañuelo, que dificulta mi vista. Choco contra algo blando, cálido y familiar. Doy un rápido paso atrás y levanto la vista- ¿Sí?
- Dime que yo no te he hecho esto, porque si he ido yo, no sé qué… -dice con una expresión dolida.
- En parte -le corto yo ya llorando a rienda suelta, sin dar abasto con el pañuelo.
- Lo de ayer, sé que…
- Si te doy asco dilo ahora -suelto-, porque ayer lo parecía.
- ¡¿Qué?! Yo nunca podría sentir eso por ti… -dice girando la cabeza y mirando al suelo.
- ¡Entonces ¿qué?! Primero parece que te caigo bien, luego me tengo que contener para no besarte y entonces tú me sueltas como si quemara y me das la espalda ¡Sin más! -no distingo entre lo que he dicho y he pensado, pero seguro que se me ha escapado algo. Sus ojos brillan con fuerza, como con luz propia. No como los ojos de Erik, brillantes pero oscuros, sino como dos soles, dos preciosos.
- Te quiero.
- Sabía que… -espera, ha dicho que me quiere. Levanto la mirada con la boca entreabierta de la sorpresa. ¡Me quiere! dice algo en mi interior. ¡Como lo hacía Erik! dice otra voz. Sé cuál quiero escuchar, pero no a la que debo hacer caso.
- Me fui para evitar besarte, aunque fuera mi mayor deseo. Solo porqué tienes novio y no estaría bien, no quiero ser el ‘otro chico’, el que lo estropea todo -me da un vuelco el corazón, un vuelco enorme. Siento algo removerse dentro de mí, y no sé qué es, pero empieza a salir.
- ¡Ayer -creo que era rabia contenida contra Erik-, después de que tú me… -no sé cómo definirlo- mientras volvía  a casa, vi -mi voz baja a una octava- a Erik con otra, -la rabia se recupera- besándose en su casa! -él tiene una expresión de sorpresa y rabia; espero que no sean para mí- No fue agradable para él verme allí -digo con una sombra en la sonrisa que se desvanece en una milésima de segundo-. ¿Sabes que pensé? -le reto levantando la mirada, aunque tímida. Él niega con la cabeza. Sus ojos siguen brillando. Me atrae como un mosquito a la luz. Doy un paso, y si inclino la cabeza cinco centímetros puedo apoyarla en su pecho. Dios, se me acaba de declarar y no he contestado- Qué aguanté no besarte para nada -digo susurrando. Sus ojos brillan más todavía- . Bueno -continúo susurrando, aunque un poco más alto- , para ser buena persona, pero lo que me asustaba es que quería hacerlo, y no podía permitírmelo… -lo he dicho. Aunque aún no todo.

***

Emily con esa sierra da miedo.
- Vamos allá -empieza. Yo me agarro a los bordes de la mesa metálica tan fuerte que podría romperla. Después de estar así un cuarto de hora ella acaba y yo tengo los dedos agarrotados, helados y entumecidos. El polvo de la escayola hace que por primera vez llore y no sea por un chico, en lo que va de semana- Listo -dice Em mientras separa las dos mitades y yo siento un alivio tremendo. Se va, y yo me rasco a hurtadillas aunque me lo haya prohibido. Vuelve con una especie de maya elástica de color carne- ¡No te rasques, que ahora picará más y te lo tengo que poner!
- Lo siento, pero es que pica mucho -digo volviendo a agarrar los bordes de la mesa para contenerme. Como ella ha dicho me empieza a picar otra vez, y más fuerte.
- ¡Annie! -Julie entra como una bala- ¿Quieres que le parta la cara?
- ¿De quién estáis hablando? -pregunta Emily alarmada.
- De Erik, Em, de Erik -digo llorosa, pero no tanto como ayer. Aprieto aún más la mesa.
- ¡¿Qué?! Yo decía a ese otro chico rubio -grita Julie.
- ¿Qué ha pasado con Erik? -me preguntan a la vez medio histéricas.
- ¿Julie por qué querías… -intento preguntarle, intrigada.
- Me lo dijo Andrew -contesta atropelladamente-. Cuenta, cuenta.
- Vale, pero a Dave no le hagas nada -porqué por él si siento algo.

Pero no lo digo.

Capítulo 24: En mi mente de hielo agrietado

El segundo capítulo del maratón!!! ¿Os ha gustado el final del anterior? ¿Me queréis matar por ello (de bromis)? ;)) ¡Comentad ^^! Este también contiene una sorpresita... a la pobre Annie le va ha rebentar la cabeza!!

BESOS DE VUESTRA ESCRITORA ;))


Capítulo 24


Entro en mi casa y me dejo caer sobre las rodillas en la entrada, sin cerrar la puerta siquiera.
Creo que me he quedado dormida aquí mismo. La puerta sigue abierta, y Claws ha salido de la bandolera, pero algo más me ha despertado; no me cuesta localizarlo.
- Annie, pequeña -me dice mi padre. Apartándome el pelo de la cara. Su mano es callosa, pero hace tanto tiempo que no hace ese gesto, que resulta agradable.
- Papi -digo con voz ronca, volviendo llorar. Esto me ha superado. Lo necesito, ahora no lo puedo hacer sola, no todo. Abre sus brazos y me recoge. Me levanta del suelo y yo hundo mi rostro en su suéter; huele a él. Mis manos lo agarran para que no se esfume, ni me deje sola otra vez; no soportaré otra-. Papá no me abandones, no otra vez -digo con voz de pito-, no me dejes, no te vayas, porque no puedo aguantarlo más…
- Mi niña -dice subiendo el último peldaño de la escalera- no volveré a hacerlo -abre la puerta de su habitación y mamá- te quiero mucho -me deja en la cama de matrimonio; en el lado de mi madre. Abre la cama levantando las sábanas y la colcha. Me quita poco a poco la única bota que llevo y se fija en mi otro pie como si fuera la primera vez- ¿Cuándo te hiciste eso? -pregunta preocupado, mirando mi escayola.
- La semana pasada -contesto sin creerme todo lo que me está pasando hoy.
-  No me di cuenta -susurra, creo que para si mismo-. Lo siento -dice muy dolido, con ojos vidriosos-, lo siento mi niña, no sido un buen padre -dice dejando escapar una sola lágrima-, pero he vuelto, no te volveré  a dejar, te quiero cariño.
Me abraza, y yo me doy cuenta de que estaba llorando. Al final conseguimos separarnos y me quita él la gabardina ¿Por qué la tristeza hace que duela todo el cuerpo? Rodea la cama y se tumba a mi lado.
Despierto abrazada al pecho de mi padre, con su brazo por encima protegiéndome; pero antes tuvo que llegar Erik. Una punzada en mi pecho, que se hace más grande hasta que lloro. En el bonito reloj de la pared pone que son las seis y media; hora de levantarse. Me levanto y sin querer despierto a mi padre. Sé que lo de ayer fue algún tipo de ataque paternal o cariñoso, no se acordará hoy, o hará como si tal.
- ¿Qué haces, pequeña? -me dice rodeando la cama y viniendo hacia mí- Es pronto todavía.
- No, que va.
- Vuelve a dormir -insiste acuclillándose delante de mí.
- Tengo que ocuparme de Moonbeam y Claws, y… -no me vendría mal una ducha, iba a decir.
- Yo lo haré, tú sigue durmiendo -acto seguido besa mi frente y se pone de pie.
- Papá -digo agarrándole por la manga. Él se gira y yo de un salto le abrazo por el cuello-. ¿Estarás conmigo? -murmuro.
-Siempre pequeña -me rodea con sus brazos como ese día que se hizo pasar por papá Noel.

Mi pelo mojado gotea sobre la moqueta. Al final he convencido a mi padre de que necesitaba la ducha, y que total, no podría volver a dormir. Él ha accedido con la condición de prepararme el desayuno y llevarme hoy al instituto en su coche. Se lo agradezco, porque no podré mirar a Erik sin llorar, y pegarle otra bofetada, no hasta dentro de mucho tiempo.
Abro mi armario con desgana; no quiero ir guapa hoy.  Saco una sudadera gris con la palabra ENGLAND coloreada de azul, blanco y rojo en el centro. Me pongo unas mallas negras y las únicas Converse que tengo: rojas. Con mi pelo hago una coleta de caballo. Hoy Emily me quitará lo que es la armadura de la escayola, aunque seguiré llevando una capa de ‘algo’ en mi pierna. Salgo al pasillo: huele a huevos y beicon. Anoche no cené y mi estómago gruñe al oler el desayuno. Dios, estoy machacada; Erik es un cerdo que me ha hecho mucho daño, y sigo sin entender lo de Dave. Esto antes no me pasaba, con la reclusión indefinida de mi corazón, solo pero en paz.
- Buenos días -me dice mi padre cuando entro en la cocina.
-Buenos días papá -me siento en la mesa y veo el gran plato que tengo enfrente. Mi estómago vuelve a gruñir. Mi padre me sirve un vaso de zumo y me mira interrogante.
- ¿No te gusta?
- ¡Sí!
- Entonces, ¿Por qué no empiezas?
-Te estaba esperando -digo con la boca ya llena de beicon.
- Bueno, parece que tienes hambre -y empieza reír. Yo asiento mientras cato el zumo.

- ¡Cinturón!
- Listo -contesto. Desde los ocho años no contestaba a eso.

El coche arranca y yo espero no tener que ver a Erik ni a Dave.